Las fases emocionales del confinamiento

Conocer las fases emocionales del confinamiento, por las que pasaremos todos, ayuda a saber sobrellevarlas y a mantener nuestra salud emocional.

El aislamiento impuesto en el que nos encontramos por la pandemia del COVID-19 ha cambiado por completo nuestras rutinas diarias.

Resulta complicado aprender a lidiar de la noche a la mañana con el teletrabajo, con una nueva forma de conciliar la vida laboral con la familia, el distanciamiento de nuestros seres queridos, la incertidumbre de no saber hasta cuándo se va a prolongar esta situación y cómo será nuestra sociedad cuando volvamos «a la normalidad».

Los psicólogos hablan de unas fases emocionales del confinamiento que todos atravesaremos. Conocerlas te puede ayudar a entender el por qué de tus sentimientos y a mantener una buena salud mental.

Las fases emocionales del confinamiento: primero, incredulidad

Los primeros sentimientos que experimentamos casi todos cuando comenzó el confinamiento estaban relacionados con la incredulidad y la sorpresa.

A todos nos resultaba prácticamente imposible imaginar que en pleno siglo XXI fuéramos a pasar por una situación así, que medio mundo estaría encerrado en sus casas de la noche a la mañana.

Lo fundamental en esta fase es controlar nuestro miedo, el sentimiento sin duda más dominante en estos primeros momentos. El miedo generalizado a un desabastecimiento, por ejemplo, provocó las largas colas en los supermercados y la psicosis de muchas personas por hacerse con un cargamento de papel higiénico.

No caer en los bulos ni las noticias falsas es fundamental para que el miedo y la confusión no nos derroten.

Preparación y ajuste de costumbres

Después de una primera fase en la que muchos se dejaron llevar por el pánico y el descrédito, llega la segunda fase, la de preparación y ajuste.

Vamos asumiendo nuestra nueva situación y nos preparamos para que se extienda durante un periodo indeterminado de tiempo. Intentamos hacer acopio de bienes de primera necesidad suficientes y poco a poco, cada día, vamos ajustando nuestras rutinas a nuestras nueva vida confinada.

La fase de ajuste puede extenderse bastante en el tiempo y funciona a través de un mecanismo de ensayo y error. Lo fundamental es probar distintas soluciones a los problemas: rutinas y horarios para los niños, compras semanales planificadas para salir a la calle lo menos posible, pequeños actos que nos hagan más llevadero el paso del tiempo…

Aclimatación

Cuando empezamos a interiorizar nuestros ajustes diarios, se produce la aclimatación a nuestra nueva realidad.

Esta fase es quizás la más positiva de todas las fases emocionales del confinamiento. En ella conseguimos verdaderamente adaptarnos a la situación, y llegamos incluso a admitir la posibilidad de que no es necesario encontrarnos todo el tiempo activos o llenar nuestro día con constantes estímulos o actividades.

Quienes logran una verdadera aclimatación, asumen que el aburrimiento, el dolce far niente, también es una opción durante el confinamiento. Asumir que nuestro acelerado ritmo de vida se ha ralentizado nos ayudará a mantener un mejor estado de ánimo y a sobrellevar mejor esta situación.

Resistencia

La fase de resistencia u oposición es la que va a aparecer cuando no conseguimos adaptarnos del todo a nuestra nueva situación.

A medida que pasan los días, y al seguir sin saber cuándo terminará todo, surge la impaciencia, la ansiedad, el insomnio, crece la desconfianza, los pensamientos negativos y la resistencia a aceptar la situación de confinamiento.

La resistencia u oposición tensará las relaciones familiares y luchar contra ella es fundamental. Trabajar técnicas de mindfulness o meditación nos ayudará mucho a centrarnos en el momento presente, reduciendo la ansiedad y el sentimiento de impaciencia.

Alivio… y temor

Llevamos desde el primer día preguntándonos cuándo acabará todo esto y podremos volver a la vida normal.

Pero curiosamente, cuando se vayan relajando las medidas de confinamiento, cuando nos permitan salir poco a poco de casa, cuando algunos comercios empiecen a reabrir… no nos encontraremos solo ante una sensación de alivio.

Las dos últimas fases emocionales del confinamiento son opuestas, y sin embargo, es muy probable que las sintamos al mismo tiempo. El alivio por volver a salir se verá mezclado en muchos casos con miedo. Nos preguntaremos si de verdad es seguro volver a relacionarnos como antes, volver al trabajo, volver a usar el transporte público…

Tomar cada fase emocional con naturalidad, escuchar los mensajes de las autoridades y confiar en las recomendaciones sanitarias nos ayudará a sobrellevar esta extraña situación y a no dejarnos vencer por las emociones negativas.

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