¿Comes compulsivamente? Puede que tengas esta enfermedad

Si comes de forma compulsiva, sin tener ni siquiera hambre, y nunca te sientes satisfecho, este artículo te interesa. La causa de tu comportamiento puede ser la hiperfagia ansiosa o polifagia, un trastorno alimentario poco conocido pero bastante común. Y que puede llegar a ser muy peligroso.

Cuando pensamos en trastornos alimentarios nos vienen a la cabeza la anorexia y la bulimia, pero no la hiperfagia. Sin embargo, la sufren muchas más personas de las que creemos. Es normal experimentar pérdida o aumento del apetito en determinados momentos por motivos emocionales. El estrés o las preocupaciones pueden hacer que queramos comer más o menos a veces.

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También hay determinadas enfermedades, como la hipoglucemia, el hipertiroidismo o la diabetes, que aumentan las ganas de comer a quienes las sufren. Y no hay que olvidar el uso de algunos medicamentos, como los antidepresivos o los corticoides, que suelen dar hambre.

Pero cuando el aumento de apetito se mantiene en el tiempo y comemos de forma descontrolada, compulsiva y sobre todo inconsciente, debemos preocuparnos. Es posible que se deba a la hiperfagia ansiosa. Es un trastorno psicológico del que se habla poco, pero que puede llegar a suponer un grave riesgo para la salud.

Porque normalmente, quienes padecen hiperfagia ansiosa no solo comen sin parar y en grandes cantidades. También muestran predilección por los alimentos menos saludables, más altos en grasas y azúcares. Después de todo, los enfermos de hiperfagia no comen porque tengan hambre. Lo hacen porque sufren de ansiedad.

hiperfagia ansiosa

Y los alimentos industriales y ultraprocesdos suelen provocar en el cerebro una sensación de satisfacción casi inmediata. Su alto contenido en azúcares, sal y grasas actúan en el sistema nervioso como una droga y hacen sentir felicidad y relax. No es casual, que cuando nos sentimos tristes comamos chocolate y no brócoli.

La hiperfagia ansiosa puede llegar a provocar un importante aumento de peso, del que los enfermos no son conscientes en un principio. Simplemente comen y comen, hasta que un día se dan cuenta de lo mucho que han engordado. Pero además, pueden terminar padeciendo otras enfermedades, como la hipertensión, colesterol alto o diabetes.

Hiperfagia ansiosa, ¿qué puedes hacer?

Todos los trastornos alimenticios son complicados de solucionar por uno mismo. Es necesario la intervención de nutricionistas y psicólogos que nos den herramientas para cambiar nuestras pautas alimenticias.

Sin embargo, cuando se es consciente de que se está comiendo de forma compulsiva, podemos intentar tomar unas medidas en casa. En el fondo, la hiperfagia ansiosa es lo contrario al mindful eating. Esto se traduciría en castellano por «comer conscientemente».

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El mindful eating no es más que una rama del mindfulness orientado específicamente a la alimentación. En un mundo cada vez más acelerado, los defensores del mindful eating proponen comer despacio, concentrados en lo que estamos haciendo.

Olvídate de ver la televisión o mirar el móvil mientras comes. Centra toda tu atención en el plato. Mastica y saborea despacio. En una primera fase, puedes contar las veces que masticas cada bocado antes de tragar. Así, poco a poco lograrás poner toda tu atención en la comida sin apenas esfuerzo. Comer de forma consciente es un ejercicio que lleva tiempo y dedicación. Hay que ser perseverante, y poco a poco lograremos mejorar nuestros hábitos alimenticios.

También hay otros trucos que, si bien no solucionan la ansiedad, al menos harán que nuestros atracones sean menos perjudiciales. Se crees que estás comiendo de forma ansiosa y sin control, evita en la medida de lo posible los alimentos más calóricos y ultraprocesados.

No dejes la nevera vacía, ya que nada te provocará más ansiedad que no tener nada que comer. Simplemente sustitúyelos por otros más saludables. Cambia las patatas fritas por los frutos secos bajos en sal, aceitunas o pepinillos. Las galletas azucaradas por chocolate negro. Los yogures, flanes y helados por membrillo o frutas.

Y un último consejo. Si crees que tu ansia por la comida es demasiado grave, no tengas miedo de consultar a psicólogos, nutricionistas y endocrinos para que te ayuden.

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